miércoles, 1 de junio de 2016

Propongo Berlín

Propongo que salgas ya de tu casa y vengas a la mía
que te subas a mi coche y bajemos a la playa
que me dejes curarte, que te dejes,
propongo Berlín como banda sonora.

por proponer propongo vernos cada vez en una ciudad nueva
propongo salir de aquí ya, dejar de jugar al despiste, echarle suerte,
propongo y pongo las cartas sobre la mesa, que sé que tienes ases,
siempre los tienes, siempre bueno con las manos,
siempre bueno.

Propongo viajar a Polonia, vivir en Grecia unos meses,
Propongo un interrail como concepto de vida.
Propongo dejar de quejarme, y echarle ganas,
Propongo ser lluvia pero darte sol, propongo tormenta cada verano,
propongo cruzar la linea de meta con los ojos abiertos,
propongo no bajar los brazos en ningún momento de la atracción,
propongo no atarnos a nada,
propongo rumbo norte,
siempre norte.

Propongo tumbarme al sol y acordarme de ti
propongo seguir imaginando que todo esto va a ocurrir,
que nos volvemos valientes, perdón, me vuelvo valiente,
que tú ya hiciste tu parte,
propongo seguir pensando que es un futuro alcanzable y no intangible,
porque ahora es lo más bonito que nos podemos echar a la cara,
y llámame conformista,
pero por ahora
me gusta así.

jueves, 19 de mayo de 2016

Tengo un atlas en mis manos

Hay un atlas que te quiero enseñar, está en un escondite de estos que creas cuando eres pequeño en el jardín de casa de tus abuelos, con la ilusión de un niño espía y la seguridad de un ladrón de antigüedades.

Es de una editorial que ya no existe y tiene más años que tú y yo juntos, hay notas en los márgenes sobre cómo creía que eran los lugares que no había visitado, cómo deberían llamarse según las fotos, y cómo era la vida de la gente que vivía allí.

Tiene mil doscientas páginas, menos algunas que coloreé, arranqué y escondí aún-no-sé-dónde para encontrarlas cuando esté a punto de olvidarlo todo, también tiene la portada destrozada y las islas más pequeñas están marcadas con permanente, porque de pequeña creía que acabaría viviendo en alguna, pero que aún no existía, que no se había formado.

Mira, el atlas está lleno de lo que a simple vista parecen garabatos, pero que son coordenadas inventadas que escribí para que nadie supiera dónde encontrarme. Y creo que a día de hoy es la única misión en la que he tenido éxito, tanto que ni yo sé dónde estoy.

Ven, tengo un plan, tengo un atlas en mis manos, y quiero que lo abras para ver a dónde vamos.

lunes, 18 de abril de 2016

Optimismo.

Hoy te he olvidado, he salido de mi casa y cuando he mirado a la librería de en frente del chino, no me he acordado de ti.

De repente ya no me apetecía verte, ni intentando que te invitaran a chupitos en el bar de abajo, ni cuando nos despierta la alarma del móvil, ni esquivando mis fotos, ni hablando de literatura con una estrella en la mano, ni con los pies en el salpicadero, ni cantando con la voz quebrada. Ya no me apetecía verte leyendo en el sofá con un contraluz precioso, ni saltando en los conciertos hasta quedarte sin pies, ni haciéndote el fuerte en manga corta a 3 grados en noviembre.

Sé que he tardado, pero aquí estoy, sin meterme en tu instagram, sin darle a me gusta(s) en facebook, sin pensar lo bien que le quedaría esta luz a tu pelo, lo malo que está el café cuando no lo haces tú, o qué paisaje puedo mejorar si lo fotografío contigo.

Me ha costado olvidarte, lo admito, pero ya no pienso qué libro de poesía estarás devorando ahora, o en quién te descubrirá la canción que estoy escuchando y que seguro que te encanta.  Por eso creo que hoy se me ha escapado un poco de desamor por los huesos.

Y es que esta mañana, cuando he salido de mi casa y he mirado a la librería de en frente del chino,
te he olvidado, durante un par de minutos. 
Pero soy optimista, y aspiro a que sean horas.

lunes, 1 de febrero de 2016

Cabeza-Corazón.

Mentira, mentira, mentira, mentira, mentira,
mentira, mentira, mentira, mentira, mentira,
mentira, mentira, mentira, mentira, mentira,
mentira, mentira, mentira, mentira, mentira,
sí que le quiero,
sí que le quiero.

No hay espada contra pared,
todo es corazón versus cabeza.

Así que olvídate de él,
que es una rompe-cabezas, corazón.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Tenía nombre de huracán

Quiero que Wilma vuelva a mi vida y no espero que me entendáis.

Siempre llegaba sin avisar, como los peores momentos,
verla bailar equivalía a millones de trucos de magia,
decía que tenía manos de octubre y no mentía.

Vestía de negro pero tenía la mente color libélula,
siempre andaba despeinada y no hacia nada con calma,
escribía tan rápido que parecía que nunca levantara el boli del papel.

Tenía hambre a todas horas y los ojos gris remolino.
tenía miedo a poner los pies en el suelo y tocar tierra,
pero no conocía otra toma de contacto,
pensaba mucho y creía que si lo hacía en voz alta todos saldrían volando.

Nunca la entendí, me decía que no valía la pena intentarlo.
Que pocas personas le han sobrevivido.
Que es ella la que derrumba muros y no al revés.
No sabéis la cantidad de cosas que tenía que te atrapaban.

Me contó que le ha hecho daño a mucha gente, que tuvo una mala época,
que destrozaba lo que tocaba y prometió no hacerlo más,
decía que era sin querer, que ni se daba cuenta.
Y cuando se le acababan los abrazos, resoplaba.

Yo ahora solo quiero recargarle los abrazos y que no resople más.
Quiero sus prisas y quiero no entenderla.



El primer meteorólogo que utilizó un nombre de mujer para referirse a un huracán fue el australiano Clement Wragee a finales del sigo XIX. Y estaba tan jodido como lo estoy yo ahora, porque quiero que Wilma vuelva a mi vida, y no espero que lo entendáis. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

El frío se ha hecho ciudad

El frío se ha hecho ciudad y ahora vivo por el centro.
Esto está lleno de parques vacíos, casas abandonadas, y gente en ruinas.
Aquí se vive roto, se baila lento y se duerme solo.

El frío se ha hecho ciudad, pero aún no tiene nombre.
Aquí no hay caminos de baldosas amarillas,
ni París que valga, ni fuego que queme.

El frío se ha hecho ciudad, y ahora estoy más al norte que nunca,
Aquí soñar es deporte de riesgo, y no hacerlo es de cobardes.
Mis vecinos dicen que desde que llegaron no sienten otra cosa que escalofríos.

El frío se ha hecho ciudad y ahora es capital.
Aquí las leyendas son cuentos para no dormir,
y suena Between the bars en todos los garitos,
pero a la gente le da igual, mañana también lloverá,
también se matarán a café y tampoco dormirán.
   
El frío se ha hecho ciudad y a las afueras ya no queda nada.
Aquí hay fuentes congeladas en plazas a las que nadie quiere ir,
niños que no son niños porque les prohíben saltar en los charcos,
y el resto son callejones que no investigo por miedo a que no haya salida,
o a que la haya, yo qué sé.

Creo que me da miedo reconocer que sé cómo salir pero que no quiero.
Creo que me he acostumbrado a vivir aquí.
Creo que ya no sobreviviría fuera y el sol me acabaría quemando.
Creo que dejé de creer en lo que creía cuando llegué.

El frío se ha hecho ciudad y sé que me estoy congelando.

viernes, 28 de agosto de 2015

Me habían hablado de ti

Me contaron que llegaste a esta ciudad con 19, que deshiciste una vida e hiciste una maleta.
Que siempre te ha sobrado espacio, y que estabas deseando encontrar con qué llenarlo.
Que te asusta la gente sin ambición, no la soledad, ni la muerte.

Me dijeron que tenías valentía en vena, y que llevas all in tatuado en alguna parte.
Que sólo fotografías aviones y has dormido en mil aeropuertos.
Dicen que sabes viajar mejor que nadie, y que no te sientes turista en ninguna parte.

Me contaron que haces mortales, que has vivido en Copenhague y en Creta.
Que casi mueres tres veces, y esperas con ansia la cuarta.
Que sobrevivir te resulta fácil, que lo difícil es vivir.


Me habían hablado de ti, y ahora que te conozco y no sabes ni mi nombre, me dices que salgamos de esta mierda de fiesta, que si vivo cerca, que se te ha ocurrido cómo pasarlo mejor.
Y joder, qué desilusión de tío.

Me habían hablado de ti, pero ojalá se lo hubieran ahorrado.

miércoles, 27 de mayo de 2015

A Valeria le queda media vida

A Valeria le queda media vida, y espera pasarla sin tener en cuenta el tiempo que ha perdido.

Valeria lleva media vida esperando por una canción que por fin describa cómo se siente.
Ha pasado 10 horas de su vida escondida esperando para dar un susto,
52 horas esperando por el transporte público,
y 43 a que los semáforos se pusieran en verde.

Valeria lleva media vida esperando para encontrar una ciudad en la que quedarse a vivir.
Ha pasado 16 horas de su vida esperando a que empezaran conciertos que ni siquiera le gustaban,
8 horas esperando a que empezaran películas en el cine por las que no merecía la pena pagar,
y 14 horas leyendo en la fnac libros que no podía permitirse.

Valeria lleva media vida esperando a vivir ese algo para poder tatuárselo.
Ha pasado 13 horas mirando por la ventana esperando a que lloviera,
6 horas esperando para comprar billetes de tren a los que no tuvo el valor de subirse,
y unas mil horas esperando a que alguien la guíe a alguna parte.

Valeria lleva media vida esperando por ese viaje que le cambie la mitad que le queda.
Ha pasado 9 horas de su vida esperando a que sus profesores acabasen de echarle la bronca mientras hacia como que les escuchaba,
15 horas esperando a que acabaran reuniones familiares mientras hacía como que le gustaba estar allí,
y más de 20 horas esperando a que sus padres se fueran a dormir para escaparse de casa.

Valeria lleva media vida esperando por una noche de película.
Ha pasado unas 8 horas de su vida esperando a que le trajeran la bebida en un bar
18 horas esperando a que alguien la sacara a bailar
y 16 a un taxi que la llevara de vuelta a casa.

Todas estas horas son aproximadas, y Valeria es el nombre que le puse a esa chica que vi una vez mirando por la ventana en una cafetería, parecía que paraba el tiempo y hacía como que esperaba a alguien, cuando lo único que esperaba, imagino, era que alguien escribiera sobre ella.

Para todas las Valerias de las cafeterías.