domingo, 5 de febrero de 2023

mi constante

Sus ojos solo tienen 3 moods:
le brillan de pasión,         
le arden de injusticia
o le lloran cuando crece.

Va a escucharte atentamente,
mirándote a ti y no al móvil, 
Va a enseñarte todo lo que sabe
mirándote a los ojos y hasta la raíz.

Si te deja escucharla
te lanza un salvavidas
y ese momento lo querrás conservar 
para siempre enmarcado en tu habitación.

Le he prohibido morirse antes que yo
y cada vez que te abraza sin pedírselo,
ganas.



Prometo no faltarte,
abrirte la puerta a la hora que sea
hacerte un hueco en el lado que quieras, 
matar a todos los mosquitos
y acompañarte siempre.

La hostia del año

Quiero que te reconozcas si algún día te lees,
así que te reescribo cuatro años después.

Empezaré por las gracias
que no pienso terminar de pagarte
en litros a dos cincuenta.

El objetivo era llegar a la pantalla final
con la vida extra del que ha aprendido 
a ver todas las hostias venir.

Éramos asquerosamente jóvenes
aunque a ti se te olvide todo el rato
y a mí ya no me valga de nada.

Mientras borras mi rastro de internet
yo nos busco el epitafio perfecto.
Y cuando todo acabe
y se pongan en venta dos vitras de tercera mano,
te recordaré conversaciones pasadas
de cómo casi Canadá, de Barcelona,
de tanatorios y tranvías
y de tus cúbreme mañana que sigo en el kiosko.

Esperábamos el momento perfecto
atentos, desesperados, 
con las ganas al revés
pero acompañados
porque qué duras las mañanas
si te has cogido vacaciones.

La pantalla girada, la palabra justa,
la cuenta atrás, la huida clara,
el pronóstico fallido, la taza rota,
el filtro preparado y la cerveza al sol.

Siempre con las cosas claras
de una ciudad gris a otra naranja,
al final llegamos a la extra,
aunque no con todas las vidas.

Ganar el juego 
es encontrarnos siempre 
fuera de allí.