martes, 24 de marzo de 2015

Lleva cuidado, Sabina

Te escribo porque sé quién te robó abril, Sabina.
La he conocido esta mañana, no me ha dicho su nombre ni de donde venía, pero tenía agua en los bolsillos y flores en el pelo, estaba intentando robarle enero al poeta que se ha sentado a su lado en el bus. Tiene acento del sur y los ojos mucho más profundos de lo que te puedas llegar a imaginar, pupilas iceberg las llamo, porque cuando te chocas con ellas te congelan rápido y en silencio. Lleva cuidado con las pupilas iceberg Sabina, que si te atrapan estamos jodidos.

La chica que te robó abril me ha dicho que no es nada personal, que guarda todos los meses lluviosos debajo de su cama, dice que hace tiempo que los necesita, que son suministros para sobrevivir al verano, que no se lleva bien con el sol y que ojalá agosto fuera tan fugaz como febrero.
Me ha contado que cree que al mundo le sobran canciones de amor con las que la gente finge que se identifica, y que lo que de verdad le falta son alertas rojas de insomnios por tormenta, ese no poder dormir porque fuera llueve y alguien que erróneamente deseas conocer le saca punta a sus relámpagos. Lleva cuidado con los relámpagos Sabina, que si te alcanzan estamos jodidos.

También me dijo que no nos preocupáramos, que los meses ajenos los cuida muy bien desde que perdió los suyos en un café por Montmartre, dice que si no estás atento, en París salen volando, pero que cómo vas a centrarte en París. También me contó que si te fijas muy bien puedes ver algún noviembre a la orilla del Sena, que les gusta pasear por allí y sentir como si un Doisneau escondido les capturara en el tiempo, tengo que confesar que aquí no sé muy bien si hablaba de noviembre o de ella. Lleva cuidado con París Sabina, que si te gana estamos jodidos.

Mira Sabina, también te escribo para disculparme, no he podido detenerla, y te aseguro que lo he intentado, le he dicho que hay gente que también necesita sus meses, su dosis de escalofrío en pleno junio, que hay veces que una sola tormenta de verano se queda pequeña, pero nada. Y después de invitarla a un café creo que necesitaría otra vida para explicarte porqué ella los necesita más que nadie, está decidida, dice que volverá a hacerlo y no hay escapatoria.

Así que ya sabes, lleva cuidado Sabina,
cambia el cajón por una caja fuerte,
que si nos roba diciembre
estamos todos jodidos.