jueves, 19 de mayo de 2016

Tengo un atlas en mis manos

Hay un atlas que te quiero enseñar, está en un escondite de estos que creas cuando eres pequeño en el jardín de casa de tus abuelos, con la ilusión de un niño espía y la seguridad de un ladrón de antigüedades.

Es de una editorial que ya no existe y tiene más años que tú y yo juntos, hay notas en los márgenes sobre cómo creía que eran los lugares que no había visitado, cómo deberían llamarse según las fotos, y cómo era la vida de la gente que vivía allí.

Tiene mil doscientas páginas, menos algunas que coloreé, arranqué y escondí aún-no-sé-dónde para encontrarlas cuando esté a punto de olvidarlo todo, también tiene la portada destrozada y las islas más pequeñas están marcadas con permanente, porque de pequeña creía que acabaría viviendo en alguna, pero que aún no existía, que no se había formado.

Mira, el atlas está lleno de lo que a simple vista parecen garabatos, pero que son coordenadas inventadas que escribí para que nadie supiera dónde encontrarme. Y creo que a día de hoy es la única misión en la que he tenido éxito, tanto que ni yo sé dónde estoy.

Ven, tengo un plan, tengo un atlas en mis manos, y quiero que lo abras para ver a dónde vamos.

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