domingo, 20 de diciembre de 2015

Tenía nombre de huracán

Quiero que Wilma vuelva a mi vida y no espero que me entendáis.

Siempre llegaba sin avisar, como los peores momentos,
verla bailar equivalía a millones de trucos de magia,
decía que tenía manos de octubre y no mentía.

Vestía de negro pero tenía la mente color libélula,
siempre andaba despeinada y no hacia nada con calma,
escribía tan rápido que parecía que nunca levantara el boli del papel.

Tenía hambre a todas horas y los ojos gris remolino.
tenía miedo a poner los pies en el suelo y tocar tierra,
pero no conocía otra toma de contacto,
pensaba mucho y creía que si lo hacía en voz alta todos saldrían volando.

Nunca la entendí, me decía que no valía la pena intentarlo.
Que pocas personas le han sobrevivido.
Que es ella la que derrumba muros y no al revés.
No sabéis la cantidad de cosas que tenía que te atrapaban.

Me contó que le ha hecho daño a mucha gente, que tuvo una mala época,
que destrozaba lo que tocaba y prometió no hacerlo más,
decía que era sin querer, que ni se daba cuenta.
Y cuando se le acababan los abrazos, resoplaba.

Yo ahora solo quiero recargarle los abrazos y que no resople más.
Quiero sus prisas y quiero no entenderla.



El primer meteorólogo que utilizó un nombre de mujer para referirse a un huracán fue el australiano Clement Wragee a finales del sigo XIX. Y estaba tan jodido como lo estoy yo ahora, porque quiero que Wilma vuelva a mi vida, y no espero que lo entendáis. 

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