sábado, 11 de agosto de 2012

Los contras de vivir en Sur.

La lluvia me despertó aquella mañana de abril, durante ese tiempo de mi vida apenas dormía. Llevaba días esperando a que el agua volviera a cubrir la ciudad para poder ir al bar donde la vi por primera vez. Claudia siempre estaba allí los días de lluvia, nunca pactamos nada, pero sabíamos que nos veríamos allí. Hacía tiempo que no la veía, vivir en Sur tenía sus contras. Salí con prisa de casa, quería verla cuanto antes, recorrí las calles, esquivé a los conocidos y hasta cogí el atajo que odio para llegar directamente a la puerta del bar. Al entrar lo olí, era su perfume, lo reconocería donde fuera, dejé el paraguas en la entrada y la busqué, estaba en el rincón de siempre y leía el mismo libro que la última vez que llovió, de fondo sonaba Cœur de Pirate. Me acerqué y Claudia sonrió:

- Buenos días, acabo de llegar.

- Lo sé, he visto tu paraguas en la entrada.


No le iba a decir que lo sabía porque había olido su perfume al entrar, joder, lo que me faltaba, a ver si se asustaba y salía huyendo, quizás cuando tuviésemos más confianza... Claudia volvió a sonreír y me miró, tenía una de esas miradas que nunca he sabido describir, de las que pueden decirte mil cosas sin pronunciar palabra.

Algún día os contaré más sobre Claudia, pero por ahora sólo os diré que me rompió los esquemas en cuanto empezó a hablar de literatura, que el café le gustaba cargado, y que fue la culpable de que mis insomnios dejaran de ser anónimos.

- He pedido un café ¿quieres algo?

Me senté a su lado y deseé que lloviera todo lo que quedaba de abril.


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