viernes, 7 de julio de 2017

El bar.

Hoy me he enterado de que el bar de debajo de casa mis padres cierra.
Al ver el cartel he pensado en cuando te pregunté que si tuvieras un bar cómo lo llamarías.
Y lo he vuelto a soñar todo, esta vez sola, y ahora no lo puedo sacar de mi cabeza.

Estaría en el rincón de esa calle que encontramos aquel día que nos calamos hasta los huesos y nos perdimos por Madrid. Y escribiría en la puerta la poesía que te sacaste de la lengua casi sin pensarlo, como siempre que jugabas a impresionarme aunque solo tuvieras que mirarme a los ojos para conseguirlo:

Todo lo que pueda pasar aquí dentro es viento 
súbito, repentino, impetuoso,
y en realidad no lo ves pero 
cuando llegas a casa eres otro.

Y si bajan las temperaturas a -20
te quedas a verlo,
y todo es lluvia breve después, 
y te moja dentro, y te curas solo

Pasa 
si estás roto.

Dijiste que viviríamos allí y lo daríamos todo porque nos sobreviviera.
Literas en la sala de billar y paredes hechas de libros.
Micro abierto los lunes para aguantar el resto.
Luz incandescente en la barra para que leas naranja y no azul.
Dardos con nombre de mujer y 100 tipos de cerveza.
Fotos de Doisneau en el techo, porque "¿cómo si no miras donde miró Doisneau?".
Un rincón de notas anónimas como en shakespeare & co. para que la gente sienta que no está tan sola en la mierda.
Sofás para 3, copas a 4. Tu gato dando vueltas, imitándonos.
Ni una puta tele y mil juegos de mesa.
Cachimba y té para ti y café negro para mi.
Música de ya sabes quién y la contraseña del Wifi:
eres tú.

Ya no sé si seguirás soñando con abrir el bar o ahora prefieres un pub de reguetón, igual has cambiado de idea y quieres ser dueño de una tienda de helados o te apetece más montar una escuela de surf en Salinas.
Ya no sé cómo te va la vida, pero cierra el bar de debajo de casa de mis padres donde nos conocimos y me parece una putada que aún no exista El Galerna.

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