Tengo 21 y mi casa sigue vacía,
apenas la he estrenado y lleva aquí toda mi vida.
A veces no lo entiendo porque joder,
hay espacio de sobra, está justo en mi centro
y no tengo vecinos que se quejen del ruido que nunca hago.
Luego lo pienso y ya lo encajo.
No funciona el aire caliente porque paso de arreglarlo.
No hay flores en el jardín porque no sé cuidar de nada que entre ahí.
No tiene vistas a ningún mar y nunca nadie me ha enseñado a ordenarla.
Y claro, también odio el color de las paredes porque no es azul,
y cuando hace frío se contraen mientras pasa todo el ruido que hay fuera.
Y bueno, hay goteras a las que siempre acabo cogiendo cariño aunque no quiera,
y el agua se deja llevar porque aquí es lo que se lleva, y llueve dentro y se inunda el suelo.
Pero no hay nadie con quién saltar en los charcos.
Tiene tres muebles que ya se han adaptado perfectamente a mis costillas,
y ahora solamente cogen polvo y me miran.
Solo funciona una bombilla, la llamo Guernica,
y parpadea al ritmo cardíaco de la música lenta que pongo en repeat.
Creo que la puerta está rota y no abre bien, así que te doy un consejo:
seas quién seas, cuando vengas a compartir caja torácica,
abre de una patada y quédate.
Mi casa vacía es tu casa vacía,
espero que sepas que no hablo de edificios,
y que me ayudes, por fin, a llenarla.
apenas la he estrenado y lleva aquí toda mi vida.
A veces no lo entiendo porque joder,
hay espacio de sobra, está justo en mi centro
y no tengo vecinos que se quejen del ruido que nunca hago.
Luego lo pienso y ya lo encajo.
No funciona el aire caliente porque paso de arreglarlo.
No hay flores en el jardín porque no sé cuidar de nada que entre ahí.
No tiene vistas a ningún mar y nunca nadie me ha enseñado a ordenarla.
Y claro, también odio el color de las paredes porque no es azul,
y cuando hace frío se contraen mientras pasa todo el ruido que hay fuera.
Y bueno, hay goteras a las que siempre acabo cogiendo cariño aunque no quiera,
y el agua se deja llevar porque aquí es lo que se lleva, y llueve dentro y se inunda el suelo.
Pero no hay nadie con quién saltar en los charcos.
Tiene tres muebles que ya se han adaptado perfectamente a mis costillas,
y ahora solamente cogen polvo y me miran.
Solo funciona una bombilla, la llamo Guernica,
y parpadea al ritmo cardíaco de la música lenta que pongo en repeat.
Creo que la puerta está rota y no abre bien, así que te doy un consejo:
seas quién seas, cuando vengas a compartir caja torácica,
abre de una patada y quédate.
Mi casa vacía es tu casa vacía,
espero que sepas que no hablo de edificios,
y que me ayudes, por fin, a llenarla.
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